Piensa en ésto, un año tiene 51 semanas, 8568 horas, de las cuales trabajas 8400 por solamente 168 horas de libertad. Una semana (dos cuando llevas tiempo en la empresa) por todo un año de arduo trabajo donde apenas disfrutas el tiempo libre que tienes, con una calidad de vida mediana, un salario que no te hace del todo felíz (apenas y te alcanza), pocas o nulas prestaciones y cuentas por pagar en tarjetas bancarias.
Un cuello de botella que mantiene continuamente tu vida bajo un estrés donde no sabes si vives para trabajar o trabajas para vivir, pero en ambos casos no eres feliz. Atravesando la ciudad una hora o menos cuando hay poco trafico, saliendo temprano de casa comiendo a las prisas (por cierto también comer bien es un dilema). Y cuando llegas al trabajo te sirves un café maltrecho de la maquina que lavan una vez a la semana, llegas a tu cubículo y enciendes tu máquina. Un dia nuevo comienza, de nuevo a la misma cosa.
Así transcurren los años, te salen canas, si es que lo eliges vives con alguien, tienes un hijo, te salen achaques corporales que antes no tenías, finalmente subes algunos puestos en trabajo o cambias un par de veces de trabajo a otros con un pago más alto, pagas cuentas, escuela, médicos, etc.
Finalmente en la última etapa de tu vida, si la empresa lo permitía te jubilas con un buen retiro, si no, la afore que estuviste pagando durante tu vida se convierte en tu pensión y si no ahorraste lo suficiente vivirás como un viejo nuevamente, con poco dinero. En caso de que la empresa no sea buena contigo, un dia te dan las gracias por todos esos años y te dan tu caja para llevarte tus cosas.
Tristemente, así transcurre y transcurrirá la vida de muchos profesionales, de muchos colegas que soñaban con cambiar el mundo y finalmente regresan a casa, tristes pensando que desperdiciaron su carrera y sobre todo, su tiempo y su vida.
Probablemente me di cuenta muy joven, a los 23 años, que esa sería mi historia si seguía el camino que tenía frente a mi, simple, sencillo... solo tenía que seguir yendo a mi trabajo, ajustarme la corbata, peinarme y sentarme frente a una computadora por 8 horas diarias durante el resto de mi vida. Pero algo me hizo caer en cuenta que no quería eso y fue ver en qué se estaba transformando mi vida durante un año que vi pasar los días en penumbra literalmente, porque llegaba cuando aún no había salido el sol y salía de mi trabajo cuando el sol se había ocultado.
No era feliz, la realidad es que no me sentía pleno en ningún sentido de mi vida, mi novia en ese momento me había engañado, estaba haciendo una especialidad y encima mi salario apenas y alcanzaba, no tenía idea de a donde iba o porqué lo hacía pero simplemente seguía, como un robot, en automático. Sin pensar, sin conciencia, sin preocuparme por el mañana. Mis compañeros de trabajo salían a beber cada fin de semana y pronto me vi con ellos haciendo lo mismo, matando las penas en alcohol, subiendo de peso y transformandome en alguien que no era.
Pero no duró mucho, llegó el día y gracias a la vida que llegó, donde decidí que no era lo mío, que no podía más y que me estaba transformando en una versión de mi que no me gustaba, que no me apetecía, que me daba pena y tristeza, entonces decidí renunciar.
Al renunciar, dejé esa vida atrás, de pronto me vi buscando un local para rentarlo, adecuarlo, poner mi primer consulta, vendí una moto que "había comprado cuando estaba trabajando de oficinista". Moto que jamás use como me hubiera gustado. Y con eso emprendí este pequeño negocio. Lentamente los meses transcurrieron y comencé a tener algunos pacientes, eventualmente eso creció y decreció, hubo momentos donde no tenía nada de trabajo, semanas muy buenas y semanas muy malas, pero el trabajo no faltó.
Decidí ser mi jefe y me di cuenta que tenía que ahorrar, que tenía que cuidarme, contraté un seguro de gastos médicos mayores, contraté un seguro para mi coche y me di cuenta que lentamente el creer en mi me daba casi los mismos frutos que un trabajo donde yo depositaba "mi estabilidad" tras un cheque quincenal. Aprendí sobre mis finanzas personales, contraté una Contadora que me llevó justamente mi contabilidad y números ante el SAT y lentamente fui volviendome en cada departamento de mi propia empresa donde en días era el de nómina, en días el de RH y en días simplemente yo. No fue facil debo admitirlo, pero hoy, tras 10 años de eso... mi proyecto ha seguido en pie, he podido cambiar mi auto, el seguro aun lo tengo, hice una maestría, pasé por varios trabajos como Docente, Investigador y otras cosillas más (todas en las que pude controlar mi tiempo) y lo último que hice fue que comencé a pagar una casa, mi propia casa.
El día que yo dejé de confiar mi vida a una empresa, de regalarle el tiempo a alguien más, el recibir regaños de un jefe que solo me regañaría como un padre que corrije a un hijo, fue el día que probé verdaderamente lo que es la libertad. Porque libertad implica que si no te paras y trabajas por ti mismo no habrá pago, que si tú no te dispones a salir adelante, nadie lo hará por ti. El día que conocí esa autonomía, que me pude regalar una vacaciones con mi propio dinero, que pude pagar todo lo que quise, fué el día que comprendí que tan poco valorado es todo lo que hacemos.
Cambiamos de trabajo porque queremos ganar más, comprarnos cosas, tener lujos, cambiar por un coche moderno, o probablemente porque queremos "tener un estatus mayor". Todo eso es EGO, inecesario por cierto, no te define y tampoco te da valor, sin embargo todos están subidos en el tren del ego, buscando trabajar en una prestigiosa empresa o en una ciudad "Cosmopolita". Yo renuncié a todo eso, incluso a la ciudad. Me fui de la ciudad, compré una casa en las afueras, donde pudiera tener paz, tranquilidad, bosque, silencio, aire limpio y libertad.
Donde pudiera controlar mis propios tiempos, decidir a que hora despertar o a que hora dormir, donde no tuviera a quien darle cuentas y sobre todo donde yo eligiera si de pronto un día no quería trabajar. No digo que sea un anarquista o un desconsiderado. Pero sobre todo me di cuenta que necesitaba valorar mi tiempo.
"Probablemente no seamos ricos, pero serémos más felices" Decía Paquito, un compañero de la universidad que había elegido el mismo camino de la independencia.
¡Cuanta razón tenías Paquito! Hoy te puedo decir, que no me arrepiento, hoy tengo mucho de lo que jamás pense que tendría al menos con un trabajo creado por mi. En junio, mi proyecto celebraría sus 10 años y no puedo estar más orgulloso de lo que logre gracias a una sola cosa, creer en mi.


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