Hemos llegado posiblemente al momento donde no existe campaña política, social, o conciencia que pueda generar prudencia en el actuar respecto a una pandemia. No hay un proceso educacional que sirva como ejemplo para poder enseñar a las personas lo que una enfermedad causada por un virus puede lograr, pero desafortunadamente estas palabras, apenas llegarán a un porcentaje tán minimo que tampoco lograrán un impacto mayor al de pensar durante un par de horas y después volveremos a los memes de gatitos y famosos en internet olvidandonos de lo que ocurre fuera.
En un principio cuando decidí hacer mi trabajo de tesis sobre los predictores de trauma emocional asociados a la pandemia por COVID-19 no pensé que pudiera concluir esta investigación pues a finales de marzo se veía una reducción considerable en los casos así como también en la cantidad de pacientes que solicitaban los servicios de salud mental pero cuando llegó la variante DELTA al menos a mi localidad, tuve un incremento en consulta del 200%.
No es que desprecie el trabajo, sino lo que me preocupó era ver los motivos de consulta, muy similares a lo observado en 2020 pero con un detalle adicional, reinfecciónes, familias enteras muriendo, personas que prácticamente se quedaron solos y lo peor de todo, pánico.
El punto aquí es, como especialista de la Salud Mental, puede llegar a ser muy frustrante ver tanta inconciencia, tanto desinterés, de la generación que se dice "más conectada con sus emociones". Hay tan poca empatía que me da tristeza ver incluso que gente que consideraba amigos, dejan de hablarte por mencionarles que deben cuidarse más.
Somos también la generación donde no nos gusta que nos digan las cosas, donde nos ofendemos si me marcas un límite o me pides hacer las cosas de una forma diferente a como las hago, del creer que yo estoy bien y que se jodan los demás, donde todo es reemplazable, donde todo es inmediato donde premia la intolerancia y la frustración es indeseable, donde si podemos evitar el dolor lo haremos y desafortunadamente, donde hasta la vida es algo de lo que podemos renunciar porque "que hueva llegar a viejito".
Frecuentemente escucho que las personas dicen "No quiero vivir hasta los 60 años", "Qué flojera ser viejito". Yo amo hablar con las personas mayores porque transmiten muchísima sabiduría y cuando de repente veo personas limitadas por sus creencias, pensando que llegar a viejitos es una calamidad me pregunto, todo se hizo mal desde un principio, enseñamos a amar lo fugaz, lo inmediato, la emoción fuerte y a evitar lo que significa luchar a largo plazo y eso va desde trabajos, relaciones de pareja, amistades, un hogar, sentido de vida... etcetera.
Es verdad que no hay economía que soporte una pandemia de 10 años, pero cada vez es más dificil encontrar gente con un sentido de vida auténtico que no se base en lo que vemos en redes o la ilusión de que todo debe ser superficial, sin compromiso o reemplazable.
Habemos muchos que cargamos internamente con una profunda decepción social sin importar género, porque la gente por fuera parece gente pero por dentro solo son piedras, hoy no es un post muy bonito pero está hecho como un letrero buscando señales en un desierto. Agradezco todavía que hay gente que son oasis dentro de ese desierto, personas con un valor vital increible con valores, con conciencia, empatía, con esencia. Lamento que la gran mayoría de la población no esté presente, no esté conectada.
Nosotros, los psicólogos somos como un ingeniero que reconecta una computadora para que funcione, conectamos a las personas con quienes son y con su realidad, trabajamos haciendo eso todos los días y seguiré haciendolo hasta el momento que mi capacidad y prudencia como especialista me lo permita, pero hoy, debo decir que es muy cansado ver que hay una gran cantidad de gente dormida y solo unos cuantos deciden despertar de este holograma llamado vida.
Al referirme con "más allá del bien y del mal" lo que quiero decir es que ya no se trata de si hacemos bien o mal, sino de las consecuencias, el "efecto mariposa" que tendrá esto en un futuro, en que tenemos una capacidad tan limitada de nuestra percepción, que no podemos ver más allá de la peda que me pondré hoy con mis amigos en un bar. La consecuencia será no solamente esa borrachera, sino que a largo plazo, quizá sea la última.
Y lamentablemente, todo, todo esto pudo haberse evitado.

Me encanto
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